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ALGUNAS IMPRESIONES SOBRE: “INÉS DEL ALMA MÍA”…
Siempre me he preguntado qué es lo que hace a un buen escritor. Imagino que la Academia Sueca tiene su criterio al respecto, para premiar a algunos que sobresalen del resto. Sin embargo, yo he tenido mi respuesta.
Un día ví en una librería “El Hombre Duplicado”, lo compré sin emoción, como quien obtiene algo sin valor. Me llevé una grata sorpresa y descubrí a José Saramago, desde entonces no he parado, cada fin de semana era algo nuevo “La Balsa de Piedra”, después “El Evangelio según Jesucristo”, le siguió “El equipaje del Viajero”, ni qué decir de mi conmoción al leer “El Memorial del Convento”, las delicias de “Los Cuadernos de Lanzarote”, en fin, lo único que no tengo es “La Historia del Cerco de Lisboa”, no lo encuentro en ninguna parte.
Igual me sucedió con Vargas Llosa (pese a su controversial pensamiento político). Leí “La Guerra del Fin del Mundo” y creo haber leído todo lo que ha escrito el peruano. Es sencillamente lo que ha mi me parece un buen escritor, el deleite de su obra, de cada uno de sus libros, sin que haya uno solo que no me deje satisfecha.
Isabel Allende. Leí “La Casa de los Espíritus” y me dejó una sensación grata. Luego uno, dos, tres, con algunos sinsabores unos y con satisfacción otros. Y llegó a mis manos: “Inés del Alma mía”. Apasionante de principio a fin, lo leí de un tirón, pero me dejó un horrendo sinsabor. Sería por eso? Tal vez, pero me ha sorprendido el contenido, un tema sensible: la Conquista, una herida profunda en el corazón de América, sangrante aún, por la crueldad implícita y por las consecuencias de sobra conocidas de aquél hecho histórica y humanamente condenable. Qué pretenderá la chilena con su libro? Lavar la herida? Justificar lo injustificable?
Me horroricé de mi propia reacción al terminar de leer. Es como si llegase a “entender” la cruenta conquista, como si el horror sufrido por nuestras civilizaciones despojadas, mancilladas, humilladas en su propia tierra, fuese totalmente asimilable. Inverosímil.
La historia de amor entre Pedro de Valdivia y su amada Inés, es tan pletórica, tan romántica, tan profunda, que llegamos a sentirnos identificados con sus padecimientos, con su sufrimiento. Isabel Allende los convirtió en fantásticos héroes, su crueldad sin límite no nos importa, no nos horroriza la “heroica” Inés decapitando a siete caciques indígenas y lanzando sus cabezas por los aires para “salvar” su Santiago. Confieso que me dolió más el sufrimiento de Pedro de Valdivia, al que lo somete Lautaro, que lo que sufrió Caupolicán condenado a su suplicio. Repito, inverosímil.
Otra “heroína” de Allende es la bella Cecilia, la princesa inca hermana del traicionado y quemado Atahualpa, casada con un español “noble, honrado” pero que acompañaba a Valdivia en sus “hazañas”. Insólito. El idílico amor de Cecilia por Juan de Gómez no nos hace condenable la inmensa red de informantes que teje la indígena para mantener al tanto a los conquistadores del movimiento de los suyos.
Cuántas víctimas inmoladas por sus “servicios” a la Corona sin que nos incomode, nos abrume, la condenemos. Al contrario, cómo sufrimos por su amado esposo al enfrentarse a los indios del “desagradecido” Lautaro y hundirse en un pantano. Pero no sufran tanto, logró salvar su vida y ser feliz con su princesa inca.
No sé sí son hechos reales o solo producto de la febril imaginación de Allende. Si es así, merece el Nóbel por su habilidad al cambiar conciencias. Por su Novela, merece el infierno y la condena de quienes poblamos los antiguos territorios de los Aztecas, Mayas, Incas, etc. Enhorabuena, Isabel Allende. Qué sabor tan desagradable produce “Inés del Alma Mía”…
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